El Grupo de Perth sostiene que nadie ha demostrado la existencia del virus VIH, y que el sida se debe a la oxidación.

martes, 15 de octubre de 2013

Un análisis crítico de la hipótesis VIH-Células T4-sida



theperthgroup.com/SCIPAPERS/HIVT4CellAIDS.pdf

theperthgroup.com/SCIPAPERS/ept4cells.html

virusmyth.com/aids/data/ept4cells.htm



Genetica 95: 5-24, 1995

A CRITICAL ANALYSIS OF THE HIV-T4-CELL-AIDS HYPOTHESIS

Eleni Papadopulos-Eleopulos,1 Valendar F.Turner,2 John M. Papadimitriou,3 David Causer,1 Bruce Hedland-Thomas,1 & Barry Page 1

1: Department of Medical Physics, 2: Department of Emergency Medicine, Royal Perth Hospital, Perth, Western Australia; 3: Department of Pathology, University of Western Australia.


Resumen

Se analizan críticamente los datos generalmente aceptados que probarían la teoría del VIH del sida, la citopatía del VIH, la destrucción de linfocitos T4 y la relación entre células T4, el VIH y el síndrome clínico de inmunodeficiencia adquirida. Se concluye que estos datos no prueban que el VIH destruya preferentemente las células T4 o tenga algún efecto citopácico, ni prueban que las células T4 sean preferentemente destruidas en los pacientes de sida, o que la destrucción de células T4 y el VIH sean cualquiera prerequisitos necesarios o suficientes para el desarrollo del síndrome clínico.


Introducción

Con unas pocas excepciones de investigadores que lo rechazan (Duesberg, 1987, 1992; Papadopulos-Eleopulos, 1988; Papadopulos-Eleopulos et al., 1989a; Papadopulos-Eleopulos, Turner & Papadimitriou, 1992a, 1993b), o que proponen la necesidad de cofactores (Lemaitre et al., 1990; Root-Bernstein, 1993), la patogénesis de la teoría del sida aceptada actualmente establece que:

1. El VIH causa la destrucción de los linfocitos T4 (ayudantes), es decir, la inmunodeficiencia adquirida, IDA.
2. El IDA lleva a la aparición de sarcoma de Kaposi (KS), neumonía Pneumocystis carinii (PCP) y otras ciertas enfermedades "indicador" que constituyen el síndrome clínico, S.

Para que esto constituya una teoría válida de la patogénesis del sida, los requisitos mínimos son los siguientes:

1. El VIH es necesario y suficiente para la destrucción de las células T4;
2. La disminución de los linfocitos T4 (IDA) es necesaria y suficiente para la aparición del síndrome clínico, S;
3. Todos los pacientes de sida están infectados con el VIH.

Se presentarán pruebas que muestran que la hipótesis VIH-sida, establecida antes, no se puede considerar probada con los datos actualmente disponibles. Se hará referencia a una teoría oxidativa (Papadopulos-Eleopulos, 1988; Papadopulos-Eleopulos, Turner & Papadimitriou, 1992a, 1992b) que afirma que las anormalidades inmunológicas observadas en los pacientes de sida, incluyendo la disminución de la cantidad de linfocitos T4, así como el síndrome clínico, son causados por los agentes oxidantes, y no por el VIH.


Efectos citopáticos del VIH

Según Gallo y sus colegas, "se ha mostrado que el VIH tiene un efecto citopático directo" (efecto de destruir células) de las células CD4+, primero por Montagnier y sus colegas en 1983, y luego por él (Gallo) y sus colegas en una serie de cuatro artículos publicados en Science en 1984 (Shaw et al., 1988). Sin embargo, en el artículo de 1983 donde Montagnier y sus colegas describen el aislamiento del VIH de un paciente homosexual con linfadenopatía, no se presentan datos respecto a los efectos biológicos del VIH (Barré-Sinoussi et al., 1983). Aunque Gallo afirma que en los cuatro artículos de Science (Gallo et al., 1986) él y sus colegas "proporcionaron claras pruebas de que la etiología del sida y el ARC era el nuevo retrovirus linfotrópico HTLV-III", no se presentaron dichos datos (Papadopulos-Eleopulos et al., 1993b). La referencia a los efectos citopáticos se hace solamente en el primer artículo, donde se afirma que "Los cultivos positivos al virus muestran de modo consistente una alta proporción de células circulares gigantes conteniendo numerosos núcleos" (sincitio) (Popovic et al., 1984). Los cultivos descritos en ese artículo utilizaron clones de la línea de células HT. Sin embargo, posteriormente se supo que la línea HT utilizada por Gallo es de hecho la HUT78 (Rubinstein, 1990), una línea de células establecida a partir de un paciente con leucemia de células T4 maduras (Gazdar et al., 1980; Gallo, 1986). Se ha mostrado, sin embargo, que otras líneas de células establecidas a partir de pacientes con leucemia de células T4 maduras tienen células gigantes multinucleadas (Poiesz et al., 1980), y por lo tanto, se debería esperar encontrar células gigantes conteniendo numerosos núcleos en los cultivos de células (clones) HT, incluso en la ausencia del VIH. En la actualidad, también hay pruebas que muestran que otras células permisivas al VIH, los macrófagos derivados de monocitos, "en la ausencia de infección", forman sincitio durante la cultivación (Collman et al., 1989).

Más tarde, Gallo expresó su opinión de que es improbable que la formación sincitial y la destrucción de células directa sean el mayor modo de pérdida de células. Además, las células infectadas por algunos virus producen un sincitio considerable sin citopatía (Shaw et al., 1988).

En 1985 Gallo y sus colegas (Gallo et al., 1985) mostraron que en cultivos de linfocitos estimulados mitogénicamente procedentes de pacientes de sida, o en cultivos de donantes sanos "infectados" con VIH, hay una disminución del número total de células viables. Sin embargo:

1) la disminución de células viables comienza antes de que haya un incremento significativo de la actividad de transcriptasa inversa (RT), es decir, la expresión del VIH;
2) la velocidad de pérdida de células sigue siendo igual incluso cuando la expresión del VIH (transcriptasa inversa) es máxima.

Esto sugiere que la causa de la disminución de células viables podría no ser el VIH. Desde entonces otros investigadores han mostrado que:

a) "los linfocitos pueden ser infectados a gran ritmo en ausencia de muerte celular" (Hoxie et al., 1985);

b) la presencia o ausencia de los efectos citopáticos está en función del tipo de células (línea de células), las condiciones del cultivo (presencia o ausencia de interleucina-2 (IL-2), presencia o ausencia de suero, fibrinógeno, fibronectina, alfa globulina), así como del origen de la preparación del VIH (von Briesen et al., 1987; Ushijima et al., 1992);

c) anteriormente, en 1986, Gallo y sus colegas informaron que "los linfocitos T4 procedentes de donantes normales infectados con HTLV-III in vitro, así como las células T4 primarias infectadas con HTLV-III procedentes de pacientes de sida, ha sido difícil mantenerlos en cultivo por más de dos semanas, y con frecuencia se ha supuesto que el virus tiene un efecto citolítico en estas células". Sin embargo, evitando la estimulación PHA y reduciendo el número de células por mililitro del medio de cultivo de 105-106 a 103-104, fueron capaces de "crecer las células infectadas durante 50-60 días" sin degeneración celular que, según ellos, era debida a "la ausencia de estimulación antigénica adicional y, presumiblemente, las concentraciones reducidas de sustancias tóxicas liberadas por las células maduras" (Zagury et al., 1986);

d) la citopatía no se correlaciona siempre con la actividad de transcriptasa inversa, es decir, la expresión del VIH. "De hecho, hubo en ocasiones una correlación inversa en las células CEM, exhibiendo los altos aislamientos de RT una inhibición más lenta de división celular y una reducción de viabilidad respecto a los virus de baja producción de RT (Cloyd & Moore, 1990).

Es decir, la correlación entre la producción de VIH y la disminución de viabilidad celular no es como predice la hipótesis del VIH, especialmente si, como se acepta actualmente, "Aunque el efecto del VIH en el sistema inmune se parece a una enfermedad autoinmune, se mueve por una expresión viral activa persistente" (Weiss, 1993). A pesar de todos estos datos, la opinión general sigue siendo que la infección de VIH lleva a una "disminución cuantitativa en la población de células TH que llevará al síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida)" (Ameisen & Capron, 1991) [TH=T4]. Sin embargo, no existe un acuerdo en el mecanismo mediante el cual el VIH mata a las células T4.

Según Claude Ameisen y André Capron, del Instituto Pasteur, ninguno de los mecanismos "propuestos para explicar estos defectos de las células TH" es satisfactorio, "incluyendo 1) supresión inmune, o su opuesto, hiperactivación y agotamiento de las células TH, 2) señales inhibitorias mediadas por productos génicos virales o regulatorios del VIH, 3) respuestas autoinmunes, 4) infección y destrucción selectiva de células TH de memoria, 5) formación de sicintio entre células infectadas y no infectadas, y 6) muerte inmune inapropiada de células no infectadas".

En vez de esto, en 1991 propusieron la hipótesis de que "un mecanismo único simple de muerte de células T inducido por activación [también conocido como muerte de células programada (PCD) o apostosis] podría explicar las anormalidades tanto funcionales como numéricas de las células T4 en los pacientes infectados de VIH ... Proponemos que la explicación más simple de los defectos de las células TH que llevan al sida es que la infección de VIH lleva a una temprana preparación de las células TH a un proceso de suicidio tras una estimulación adicional. En pacientes infectados de VIH, la gp120 circulante, compuestos inmunes de anticuerpo a gp120, o bien anti-CD4 autoanticuerpos, que se unen todos al CD4, podrían representar candidatos apropiados para la preparación de células T para una respuesta PCD siguiendo a la activación" (Ameisen & Capron, 1991). Para apoyar su teoría informaron que la estimulación de células mononucleares de sangre periférica (PBMC) de individuos infectados con VIH asintomáticos con mitógeno pokeweed (PWM) o enterotoxina B staphylococcal (SEB), "fue seguida de muerte celular", mientras que no se observó ninguna muerte en 48 horas en células no estimuladas. La muerte celular se observó solamente en la población de CD4+ enriquecida, y no en los linfocitos CD8+. La muerte celular no se encontró en PBMC no estimuladas o estimuladas procedentes de individuos VIH negativo (Groux et al., 1991; Groux et al., 1992). Sin embargo, hasta la fecha, "no se ha informado todavía acerca de gp120 soluble circulante" (Capon & Ward, 1991), o de compuestos inmunes de anticuerpo a gp120 en pacientes de sida. Además, aunque en los años siguientes, investigadores de muchas instituciones publicaron datos confirmando la muerte apoptótica de cultivos PBMC en individuos infectados con VIH, sus datos parecen contradecir los descubrimientos experimentales de Ameisen y Capron, así como el mecanismo que propusieron de apoptosis inducida por el VIH:

1. La adición de anticuerpos monoclonales (MCA) anti-gp120 o anti-CD4 a cultivos infectados por VIH permitió altos niveles sostenidos de replicación viral, pero bloqueó la apoptosis y la muerte celular (Terai et al., 1991; Laurent-Crawford et al., 1992);
2. Experimentos realizados en cultivos con y sin estimulación mostraron que "tanto las células CD4+ como las CD8+ en individuos infectados con VIH mueren como resultado de la apoptosis" (Meyaard et al., 1992).

En un artículo de 1991, publicado en Virology (Laurent-Crawford et al., 1991), Montagnier y sus colegas mostraron que:

a) en cultivos CEM infectados intensamente con VIH en la presencia de agente de supresión de micoplasma, la muerte celular (apoptosis) es máxima en 6-7 días tras la infección, "mientras que la máxima producción de virus ocurrió en los días 10-17", es decir, el máximo efecto precede a la máxima causa;

b) en células CEM infectadas crónicamente y la línea monocítica U937, no se detectó apoptosis aunque "Estas células produjeron virus infeccioso continuamente";

c) en linfocitos CD4 aislados a partir de de un donante normal, estimulados con PHA e infectados con VIH en presencia de IL-2, la apoptosis llega a ser detectable 3 días tras la infección y claramente patente a los 4 días. "De modo intrigante, en el 5º día" la apoptosis "llegó a ser detectable en células no infectadas estimuladas con PHA". La Figura 9, donde se presentan los datos, muestra aproximadamente el mismo grado de "eventos apoptóticos" en los cultivos de PHA en 5 días que en los cultivos PHA + VIH en el 4º día tras la infección".

Concluyeron: "Estos resultados demuestran que la infección de VIH de células mononucleares de sangre periférica lleva a la apoptosis, un mecanismo que también podría ocurrir en la ausencia de infección debido al tratamiento mitogénico de estas células ... De modo interesante, la infección por VIH de tales células estimuladas con mitógeno resultó en una ligera aceleración de las primeras señales de apoptosis, indicando de este modo el efecto intrínseco de la infección por VIH" (Laurent-Crawford et al., 1991).

La conclusión de que el VIH tiene un "efecto intrínseco" en la PCD puede cuestionarse por diversos motivos:

1) La "ligera aceleración de las primeras señales de apoptosis" en los cultivos estimulados infectados con VIH, comparado con los cultivos estimulados no infectados con VIH, puede deberse no al VIH, sino a los muchos factores que no son del VIH presentes en el material inoculado con "VIH", incluyendo:

a) Micoplasmas y otros agentes infecciosos;

b) Las muchas proteínas celulares presentes en la "preparación de VIH" (Henderson et al., 1987);

c) PHA, presente en los cultivos de donde se deriva la "preparación de VIH";

2) Que el VIH no es la causa de la apoptosis también se indica por el hecho de que en líneas celulares crónicamente infectadas, en donde se produce virus continuamente, la apoptosis no se detecta;

3) Que el VIH podría no jugar ningún papel en la apoptosis es también sugerido por el mecanismo actualmente aceptado de apoptosis. La apoptosis ocurre tanto en condiciones sanas como patológicas, es frecuentemente prominente entre las células que proliferan de centros germinales linfoideos, y se puede aumentar con numerosos agentes, incluyendo radiación, drogas citotóxicas, corticosteroides y el ionóforo de calcio A23187 (Kerr & Searle, 1972; Don et al., 1977; Wyllie et al., 1980; Wyllie et al., 1984). La apoptosis es la muerte celular caracterizada por criterios morfológicos: condensación celular, fragmentación del ADN, y "blebin" de membrana de plasma, que lleva a la liberación de "cuerpos apópticos" que varían mucho en tamaño, y algunos de los cuales contienen cromatina picnótica rodeada de membranas intactas (Kerr & Searle, 1972; Don et al., 1977; Wyllie et al., 1980; Wyllie et al., 1984). Se piensa que estos cambios son causados por el aumento de concentración de Ca++, que a su vez causa la contracción del citoesqueleto, cuyos principales componentes se sabe que son las proteínas omnipresentes actina y miosina (Jewell et al., 1982; Cohen & Duke, 1984; McConkey et al., 1988; McConkey et al., 1989; Reed, 1990).

Sin embargo, existen datos que indican que la concentración y contracción del Ca++ intracelular del sistema actina-miosina (condensación celular), está causada por perturbaciones en el estado redox celular (Papadopulos-Eleopulos et al., 1985; Papadopulos-Eleopulos et al., 1989b). De hecho, durante más de una década ha habido pruebas que muestran que los agentes oxidantes, incluyendo todos los agentes mitogénicos (activadores), pueden inducir: cambios celulares reversibles, activación celular, transformación maligna, células insensibles mitógenas, o muerte celular, incluyendo la muerte por apoptosis. El resultado final depende de la concentración del agente, su velocidad de aplicación, el estado inicial de las células, y el entorno celular [ver referencia (Papadopulos-Eleopulos, 1982)].

Datos más recientes confirman el hecho de que la concentración de Ca++ libre intracelular está regulada por el estado redox celular. La oxidación lleva a un aumento de la concentración de Ca++, y la reducción a una disminución (Trimm et al., 1986). El blebin de la superficie celular (Jewell et al., 1982; Lemasters et al., 1987; Reed, 1990), la condensación de cromatina (Pellicciari et al., 1983) y la apoptosis (Morris et al., 1984) son el resultado directo de la oxidación celular en general, y de los grupos sulfhidrilos celulares en particular. Esto se sostiene por el reciente descubrimiento del grupo de Montagnier de que la apoptosis puede inhibirse con agentes reductores (René et al., 1992). [De hecho, en la actualidad Montagnier (Gougeon & Montagnier, 1993) está de acuerdo con nuestra opinión de que los antioxidantes deberían utilizarse en el tratamiento de los pacientes de VIH-sida (Papadopulos-Eleopulos, 1988; Papadopulos-Eleopulos et al., 1989a; Turner, 1990; Papadopulos-Eleopulos et al., 1992a; Papadopulos-Eleopulos et al., 1992b)]. En la actualidad también se sabe que:

a) la expresión de los fenómenos del VIH (transcriptasa inversa, partículas con aspecto retroviral, reacciones antígeno-anticuerpo) requiere la activación (estimulación mitogénica) (Klatzmann & Montagnier, 1986; Ameisen & Capron, 1991; Papadopulos-Eleopulos et al., 1992b);

b) la activación (estimulación) está causada por la oxidación (Papadopulos-Eleopulos, 1982; Papadopulos-Eleopulos et al., 1992b);

Puesto que los cultivos de sida y los pacientes de sida están expuestos a mitógenos (agentes activadores), todos ellos agentes oxidantes (Papadopulos-Eleopulos, 1988), tanto la apoptosis como los fenómenos en que se basa la presencia del VIH (partículas de aspecto retroviral, reacciones antígeno-anticuerpo (WB), "hibridización PCR-VIH") podrían ser el resultado directo del estrés oxidativo y, por tanto, su especificidad cuestionable (Papadopulos-Eleopulos, 1988; Papadopulos-Eleopulos et al., 1992a; Papadopulos-Eleopulos et al., 1992b).

Ya en enero de 1985 Montagnier escribió: "... la replicación y el efecto citopático del LAV se puede observar solamente en células T4 activadas. Ciertamente, la infección de LAV de células T4 dormidas no lleva a la replicación viral o a la expresión del antígeno viral en la superficie de la célula, mientras que la estimulación mediante lectinas o antígenos de las mismas células lleva a la producción de partículas virales, expresión antigénica y el efecto citopático" (Klatzmann & Montagnier, 1986). Un año después Gallo y sus colegas escribieron: "la expresión del HTLV-III fue siempre precedida por la iniciación de secreción de interleucina-2, ocurriendo ambas sólo cuando las células T fueron activadas inmunológicamente (PHA). De este modo, la estimulación inmunológica requerida para la secreción de IL-2 también causa la expresión viral, que lleva a la muerte celular" (Zagury et al., 1986). Por tanto, relativamente poco después de la aparición del sida se conocía que el VIH no es suficiente para la aparición de los efectos citopáticos. Por alguna razón desconocida, hasta 1991 se presentaron muy pocos o ningún dato que considerase los efectos de los agentes activadores por sí mismos en la supervivencia de las células. Sin embargo, en el artículo de 1991 de Virology analizado previamente, Montagnier y sus colegas mostraron que la activación, en ausencia del VIH, puede causar los mismos efectos citopáticos. Es decir, Montagnier y sus colegas mostraron que el VIH no es necesario ni suficiente para la inducción de los efectos citopáticos observados en células infectadas con VIH. Por tanto, los datos disponibles actualmente a partir de estudios in vitro no prueban que el VIH tenga efectos citopáticos directos en ninguna célula T, T4 o T8. Los efectos citopáticos observados en los cultivos están causados probablemente por los muchos agentes activadores (oxidantes) a los que están expuestos los cultivos.

Incluso si se probara que el VIH tiene efectos citopáticos, puesto que se acepta que "El rasgo distintivo del sida es una disminución selectiva de linfocitos ayudantes-inductores relacionados con CD4" (Shaw et al., 1988), los datos disponibles deben mostrar que las células T4 son destruidas preferentemente en individuos en riesgo de desarrollar el síndrome clínico.


VIH y las células T4

Utilizando MCA para la medida en serie de linfocitos que se expresan como CD4 y CD8 en cultivos infectados con HIV estimulados mitogénicamente, se ha mostrado que, en cultivos preparados de modo que la mayoría (> 95%) de los linfocitos son células T4 purificadas, hay una progresiva desaparición de las células que se expresan como CD4. Esta observación fue interpretada por Gallo y otros como "que el HTLV-III tiene un efecto citopático en células OKT4-positivas (OKT4+)" (Fisher et al., 1985). Sin embargo, según Klatzmann, Montagnier y otros investigadores franceses "este fenómeno podría no estar relacionado con el efecto citopático" del VIH, sino que es "probablemente debido al ajuste de moléculas T4 en la membrana de la célula o bien a impedimentos estéricos de los sitios de unión de los anticuerpos" (Klatzmann et al., 1984a Klatzmann et al., 1984b). Es decir, la disminución de las células T4 no es debido a la destrucción de las células sino a una disminución en la unión de MCA a su superficie. Sin embargo, los datos anteriores se interpretaron como pruebas de la infección selectiva y muerte de las células T4 por el VIH, y junto con el hecho de que "no conocíamos agentes, aparte de una familia de retrovirus linfotrópicos T que habíamos descubierto tres años antes y llamado virus de leucemia (linfotrópico) de células T humano (HTLV), que demostrasen tal tropismo a un subconjunto de linfocitos", se presentó como uno de los dos argumentos que sostuvieron la hipótesis del VIH con respecto al sida (Gallo et al., 1985). (El otro argumento se baso en las percepciones de que el sida era una nueva enfermedad y en que la epidemiología era coherente con una causa infecciosa).

Sin embargo:

a) los cultivos/co-cultivos del VIH están estimulados con agentes oxidantes como PHA, ConA, radiación, PMA, polibreno e IL-2;

b) estos agentes, a relativamente baja concentración, pueden causar una disminución de las células que se expresan como CD4, en ausencia del VIH (Acres et al., 1986; Hoxie et al., 1986; Zagury et al., 1986; Scharff et al., 1988), sin matar a las células T4;

c) en 1986, Zagury, Gallo y sus colegas (Zagury et al., 1986) prepararon cultivos de células T (que contuvieron un 34% de células CD4+) procedentes de donantes normales. Los cultivos fueron estimulados con PHA y fueron i) "infectados" con VIH; ii) dejados sin infectar. Los cultivos de control permanecieron no estimulados y no infectados. Tras dos días de cultivo, la proporción de células CD4+ en los cultivos estimulados y no infectados, y estimulados infectados, fue 28% y 30% respectivamente, mientras que a los 6 días el número fue 10% y 3%; los controles no cambiaron significativamente.

De este modo, el VIH no es necesario para la desaparición de células que se expresan como CD4, según se midió mediante el uso de MCA en cultivos estimulados "infectados con VIH". Los estimulantes pueden causar el efecto en ausencia del "VIH". Además, la disminución de células T4 podría no ser debida a la destrucción de las mismas, sino a la disminución del número de MCA uniéndose a las células.

Incluso si las pruebas in vitro muestran que el VIH es un retrovirus citopático y que preferentemente infecta y mata linfocitos T4, también deben existir pruebas de que el mismo efecto tiene lugar in vivo, es decir, que los pacientes infectados con VIH tengan un número disminuido de células T4, causado por la infección y la muerte preferencial de estás células por el VIH.

Siguiendo los diagnósticos frecuentes de KS, PCP y otras infecciones oportunistas (OI) en hombres homosexuales y usuarios de drogas intravenosas (IV), se descubrió que cuando los linfocitos T de estos pacientes se hicieron reaccionar con MCA al antígeno CD4, el número de células relacionadas con antígenos CD4 disminuye. Esto llevó al diagnóstico de "inmunodeficiencia adquirida", definida como la disminución del número de células T4, que se pensó entonces y en la actualidad que es debida a la muerte de las células T4. Este descubrimiento, junto con el entonces conocido hecho de que los pacientes que eran tratados con las llamadas drogas inmunosupresivas o que sufrieron de "enfermedad inmunosupresiva" tenían una relativas altas frecuencias de KS y OI, llevó a la conclusión de que las altas frecuencias de estas enfermedades en hombres homosexuales, usuarios IV así como hemofílicos, entre otros, eran el resultado directo de una inmunidad celular suprimida (inmunosupresión), definida por números reducidos de células ayudantes T4 (inmunodeficiencia mediada de la célula). En 1982, el Center for Disease Control (CDC) definió un caso de sida como una "enfermedad en una persona que 1) tiene KS probado con biopsia, o infección oportunista amenazadora de la vida probada con biopsia o con cultivo, 2) tiene menos de 60 años, y 3) no tiene historia de enfermedad subyacente inmunosupresiva ni de terapia inmunosupresiva". La afirmación de Gallo y sus colegas en 1984 de que el sida está causado por el VIH llevó al CDC a redefinir el sida.

En 1985 el CDC definió sida como 1) una o más de las enfermedades oportunistas listadas abajo (diagnosticadas con metodos considerados fiables) que sean al menos razonablemente indicativas de inmunodeficiencia celular subyacente; y 2) ausencia de todas las causas subyacentes conocidas de inmunodeficiencia celular (otras que la infección LAV/HTLV-III), y ausencia de todas las otras causas de resistencia reducida reportadas como asociadas con al menos una de esas infecciones oportunistas.

A pesar de tener todo esto, los pacientes son excluidos como casos de sida si tienen un resultado o resultados negativos en el testeo de anticuerpos de suero al LAV/HTLV-III, no tienen un cultivo positivo de LAV/HTLV-III, y tienen un número normal o alto de linfocitos ayudantes T (OKT4 ó LEU3), y un ratio normal o alto de linfocitos ayudantes T frente a supresores T (OKT8 ó LEU2). En ausencia de resultados de test, los pacientes que satisfacen todos los otros criterios en esta definición se incluyen como casos (WHO, 1986).

Esta definición presupone que existe prueba, o se puede obtener, de que el VIH es la única causa de la inmunodeficiencia adquirida (T4 disminuidas) que, a su vez, lleva a la aparición del síndrome clínico. Tal prueba solamente puede obtenerse mediante la administración de VIH PURO a humanos sanos o, como Montagnier (Vilmer et al., 1984) mostró en 1984, "La prueba definitiva requerirá un modelo animal en donde tales virus puedan causar una enfermedad similar al sida". En la actualidad no existe un modelo animal del sida y, por supuesto, no es ético administrar VIH, puro o como fuera, a humanos (Papadopulos-Eleopulos et al., 1993a). En ausencia de esto uno debe, como mínimo, tener pruebas (indirectas) de que:

a) en individuos VIH positivos hay un número de células T4 anormalmente bajo, al menos desde que aparecieron las enfermedades atribuidas a la infección por VIH, como la linfadenopatía generalizada persistente (PGL) y el complejo relacionado con el sida (ARC);

b) en los pacientes definidos como casos de sida la disminución de células T4 sigue, y no precede, a la "infección por VIH", según el test de anticuerpos VIH positivo;

c) los pacientes antes, durante o después de la seroconversión no han sido expuestos a ningún agente conocido por causar inmunosupresión;

d) siguiendo a la seroconversión debe hacer una continua disminución de los números de células T4.

Sin embargo, tres años después de la seroconversión la mayoría de los individuos VIH positivo continúan teniendo cuentas de células T4 normales (Detels et al., 1988). Incluso en la presencia de PGL y otros "síntomas constituyentes de enfermedades relacionadas con el VIH", un número significativo de pacientes continúan teniendo números de células T4 normales (ratio T4/T8). En algunos individuos, la seroconversión es seguida por un aumento, no una disminución, de células T4 (Detels et al., 1988; Natoli et al., 1993).

Cuando el sida fue diagnosticado por primera vez en hombres homosexuales y usuarios de drogas IV, pero antes del descubrimiento del VIH, se obtuvieron rápidamente datos epidemiológicos, algunos de los cuales aparecieron en los Morbidity and Mortality Weekly Reports publicados por el CDC, que mostraron que, en los años 70, los individuos de los grupos de riesgo del sida sufrían de muchas enfermedades infecciosas y no infecciosas no relacionadas con el sida. Recientemente se presentaron datos del Multicenter AIDS Cohort Study (Hoover et al., 1993) (MACS) que muestran que hombres gays seropositivos al VIH "al menos 1,67 a 3,67 años antes de un diagnóstico clínico de sida", así como hombres gays seronegativos al VIH, aunque la frecuencia en estos últimos es menor, sufren de una amplia variedad de dolencias, incluyendo fatiga, respiración difícil, sudores nocturnos, erupciones, tos, diarrea, dolores de cabeza, candidiasis, decoloración de la piel, fiebre, pérdida de peso, dolor de garganta, depresión, anemia, y enfermedades de transmisión sexual. Los datos que existían al principio de la era del sida, o que se han acumulado desde entonces, muestran que algunas de las enfermedades que ocurren en estos individuos, o los agentes que las causan, incluyendo el virus Epstein-Barr y CMV (Citomegalovirus), son inmunosupresores (Papadopulos-Eleopulos, 1988). Muchos de los agentes utilizados en el tratamiento, incluyendo los corticosteroides y algunos antibióticos, así como las drogas recreativas utilizadas tanto por los hombres gays como por los usuarios de drogas, también son conocidas por ser inmunosupresoras. Desde el comienzo de la epidemia, el CDC era consciente de que aproximadamente el 50% de los hombres gays usaba cocaína de modo nasal, y sobre la misma proporción fumaba marihuana. El uso de nitrito se consideró prácticamente omnipresente.

Que la inmunosupresión encontrada en pacientes de sida no está causada por el VIH está indicado por el hecho de que los individuos de los grupos de riesgo del sida pueden tener numeros de células T4 bajos (ratio T4/T8) incluso en la presencia persistente de un test de anticuerpos VIH negativo (Drew et al., 1985; Novick et al., 1986; Donahoe et al., 1987; Detels et al., 1988). Aunque uno de tales estudios mostró "respuesta proliferativa reducida al mitógeno de células T PHA en sida ... las respuestas de PHA en la infección por VIH asintomática, con o sin linfodenopatía, también se reducieron significativamente en comparación con los controles heterosexuales. Sin embargo, los homosexuales seronegativos tienen similarmente respuestas de PHA reducidas. De este modo, en la infección asintomática, el VIH no parece causar mayor disfunción que la vista en los pares no infectados.... Nuestros hallazgos reenfatizan la importancia de utilizar controles de grupo de pares seronegativos en la infección por VIH" (Rogers et al., 1989).

Considerando los datos de hemofílicos, un grupo de investigadores británicos, incluyendo al bien conocido retrovirólogo Robin Weiss, concluyeron en 1985: "Hemos sido de este modo capaces de comparar datos de un subconjunto de linfocitos antes y después de la infección con HTLV-III. Se asume comunmente que la reducción de los números de células T ayudantes es un resultado del virus HTLV-III siendo trópico para las células T ayudantes. Nuestro descubrimiento en este estudio de que los números de células T ayudantes y el ratio ayudante/supresor no cambió tras la infección apoya nuestra conclusión previa de que los subconjuntos de linfocitos T anormales son el resultado de la inyección intravenosa de concentrados factor VIII de por sí, no por la infección HTLV-III" (Ludlam et al., 1985).

En relación a los pacientes con hemofilia A, enfermedad de von Willebrand y "pacientes hipertransfundidos con anemia de células con forma de medialuna" Kessler et al encontraron que "La exposición repetida a muchos productos sanguíneos puede asociarse con el desarrollo de anormalidades T4/T8" incluyendo "ratio medio de T4/T8 reducido significativamente comparado con controles de edad y de emparejamiento de sexo" (Kessler et al., 1983). En 1984 Tsoukas et al observaron que entre un grupo de 33 hemofílicos asintomáticos que recibían concentrados de factor VIII, el 66% eran inmunodeficientes, "pero solo la mitad eran seropositivos al HTLV-III", mientras que "se encontraron también anticuerpos anti-HTLV-III en los individuos asintomáticos con función inmune normal". Resumieron sus descubrimientos como sigue: "Estos datos sugieren que otro factor (o factores) en vez de, o además de, la exposición al HTLV-III es necesario para el desarrollo de la disfunción inmune en hemofílicos" (Tsoukas et al., 1984).

En 1986 investigadores del CDC concluyeron: "Los hemofílicos con anormalidades inmunes pueden no estar necesariamente infectados con HTLV-III /LAV, puesto que el concentrado de factor en sí mismo puede ser inmunosupresivo, incluso cuando se produce procedente de una población de donantes que no están en riesgo de sida" (Jason et al., 1986) (concentrado de factor = factor VIII). En 1985 Montagnier (Montagnier, 1985) escribió: "Este síndrome (IDA clínico) ocurre en una minoría de personas infectadas, que tienen generalmente en común un pasado de estimulación antigénica y de depresión inmune antes de la infección LAV", es decir, Montagnier reconoció que en los grupos de riesgo del sida, la IDA aparece antes de la "infección de VIH" [LAV=VIH]. Un estudio reciente de usuarios de drogas intravenosas en Nueva York (Des Jarlais et al., 1993) mostró que "el riesgo relativo de seroconversión entre individuos con una o más cuentas de CD4 < 500 células/uL comparado con individuos negativos al VIH con todas las cuentas > 500 células/uL fue 4,53". Un estudio similar en Italia (Nicolosi et al., 1990) mostró que "el bajo número de células T4 era el factor de mayor riesgo para la infección por VIH", es decir, la disminución de células T4 es un factor de riesgo para la seroconversión, y no al contrario. Las observaciones de que la disminución de células T4 precede a un test de anticuerpos positivo ("infección por VIH"), son datos adicionales (Papadopulos-Eleopulos et al., 1993a) de los que se deduce que otros factores distintos al VIH llevan tanto a la disminución de células T4 como a los tests de anticuerpos "VIH" positivo.

De este modo, los hombres homosexuales, usuarios de drogas intravenosas y hemofílicos tienen "causas subyacentes conocidas de inmunodeficiencia celular (distintas a la infección LAV/HTLV-III)" y, por tanto, según la definición de sida del CDC de 1985, estos individuos no pueden ser casos de sida. El descubrimiento de una disminución del número de células T4 y del ratio T4/T8 en individuos pertenecientes a estos grupos, incluso si es debido a la muerte de células T4 y no al "ajuste de moléculas T4 en la membrana de la célula o bien a impedimentos estéricos de los sitios de unión de los anticuerpos", no puede ser interpretada como que es causada por el VIH. No obstante, desde 1981 hasta la actualidad, los hombres homosexuales, usuarios de drogas intravenosas y hemofílicos forman la gran mayoría de casos de sida.

Desde el principio, se observó que en los pacientes de sida la disminución de los linfocitos T4 está acompañada por un aumento de los linfocitos T8, mientras que la población total de células T permanece relativamente constante. Esto ha sido confirmado recientemente por Margolick et al, que mostraron que la disminución de células T4 en individuos positivos al VIH está acompañada por un incremento de células T8, "con cinética que reflejó la pérdida de células CD4+, resultando en una polarización de células CD8" (Margolick et al., 1993; Stanley & Fauci, 1993).

Este descubrimiento había sido abandonado hasta recientemente, cuando se ha propuesto una teoría para explicar como la infección de incluso una proporción pequeña de células T4 (quizás una de cada mil) puede tener este efecto. Esta teoría expone que "la pérdida de células T CD4+ o CD8+ es detectada por el sistema inmune sólo con una disminución de células T CD3+. La respuesta compensatoria a tal disminución selectiva, es entonces generar tanto células T CD4+ como CD8+ con el propósito de llevar el total de células T CD3+ de nuevo a un nivel normal. La consecuencia de este reemplazo no selectivo de células T tras una disminución selectiva de un subconjunto de células T sería una alteración del ratio CD4 a CD8 tras la normalización de la cuenta total de células T, con una polarización hacia el subconjunto que no había sido inicialmente disminuido ...eventos repetidos de muerte selectiva de células T CD4+ llevará a una cuenta de células T CD8+ mayor y mayor, y a una cuenta de células T CD4+ menor y menor" (Adleman & Wofsy, 1993; Margolick et al., 1993; Stanley & Fauci, 1993).

Sin embargo, un breve vistazo a la historia del descubrimiento de las células T4 y T8, y los datos disponibles actualmente, muestran que la teoría anterior podría no ser válida.

En 1974, un grupo de investigadores del National Cancer Institute de los Estados Unidos observaron que cuando linfocitos normales eran cultivados con células T de pacientes con hipogammaglobulinemia, en la presencia de PWM, la síntesis de inmunoglobulina (anticuerpos) por los linfoticos normales era disminuida de un 84% al 100%. Propusieron la hipótesis de que "los pacientes con hipogammaglobulinemia variable común tienen linfocitos T supresores circulantes que inhiben la maduración de los linfocitos B y la síntesis de la inmunoglobulina" (Waldman et al., 1974). Posteriormente, se mostró que las células T estimuladas con ConA procedentes de animales sanos "podían, bajo circunstancias apropiadas, desarrollar funciones de ayudantes, supresoras y eliminadoras" (Jandinski et al., 1976). En 1977, muchos estudios acerca de la base celular de la respuesta inmune habían indicado que las células T tienen actividades tanto supresivas como ayudantes, y se concluyó que "estas actividades son funciones especializadas de distintas subclases de células T", que podían distinguirse por componentes de la superficie de la célula, que serían específicos para cada subclase (Cantor & Boyse, 1977). En los últimos años 70 la discriminación y separación de estas dos subclases se facilitó por el desarrollo de MCA a los antígenos de la superficie de la célula, considerados específicos para cada subclase, y dándose a estas subclases el nombre de células T4 ayudantes y T8 supresoras (Reinherz et al., 1979). En 1980 era generalmente aceptado que:

a) en humanos el antígeno CD4 y el antígeno CD8 se expresan en subconjuntos de células ayudantes y supresoras respectivamente. "Cada subclase de células T tiene un conjunto de propiedades biológicas y funciones inmunológicas único" (Cantor & Boyse, 1977). "Las células T llamadas T4+ proporcionan funciones de ayudantes para el desarrollo óptimo de la citotoxicidad en linfolisis mediada de la célula ... Además, el subconjunto T4+ produce una variedad de factores ayudantes que causan que las células B secreten inmunoglobulina, y que proliferen todas las subpoblaciones de linfocitos (T, B y nulo)". El subconjunto T8 "suprime la respuesta proliferativa de la producción y secreción de inmunoglobulina de otras células T y células B" (Reinherz et al., 1981).

b) "las células de estas dos subclases no dan lugar la una a la otra ... representan productos de subclases separadas de maduración dependiente del timo", es decir, "aunque ambos subconjuntos T4+ y T5+ surgen de una célula progenitora común dentro del timo, divergen durante la ontogenia, resultando en subconjuntos separados" (T5=T8).

c) la estimulación de células T mediante antígenos convencionales, antígenos de histocompatibilidad, y mitógenos resulta en la formación de células T supresoras" (Cantor & Boyse, 1977; Reinherz et al., 1980; Reinherz et al., 1981).

Las conclusiones de a) y b) no concuerdan con las pruebas publicadas en los años 80. En 1989 se mostró que cuando "los monocitos se adhieren al plástico (pero no cuando se cultivan en Teflon), se observa una significativa disminución de la expresión de CD4 entre 1 y 24 horas de la postadherencia. La expresión CD4 podría no detectarse en macrófagos adheridos al plástico durante 5 días mediante el uso de cuatro anticuerpos monoclonales anti-CD4 en citometría de flujo o inmunofluorescencia directa. En cambio, un aumento de la proporción de células adherentes expresaron antígenos de superficie LeuM3 y OKM5 durante los 5 días". Se mostró también que:

a) "La regulación a la baja de CD4 era post-translacional";

b) a diferencia de los monocitios cultivados en Teflon, la adherencia de los monoticos al plástico resultó en la generación del anión superóxido. , es decir, estrés oxidativo (Kazazi et al., 1989).

A principios de los años 80 muchos investigadores encontraron que, bajo ciertas condiciones, mientras el número de células T4 disminuía, el número de células T8 aumentaba, y el número total de células permanecía constante o incluso se incrementaba. En 1982, Birch et al mostraron que la incubación de linfocitos T con adenosina o impromidina (un agonista de histamina H2), llevaba a una disminución en el número de células T expresando el antígeno CD4, y a un incremento en el número de células T expresando el antígeno CD8, mientras que la suma (T4 + T8) permanecía constante (Birch et al., 1982). En un experimento conducido en el mismo año por Burns et al (Burns et al., 1982), se hicieron crecer linfocitos de sangre periférica humanos normales procedentes distintos individuos, en un medio condicionado que conteína IL-2, y, tras distintos periodos de tiempo en cultivo, las células fueron testeadas por inmunofluorescencia indirecta en búsqueda de OKT4 y OKT8. El "medio condicionado" (CM) consistió de "sobrenadante libre de células pasado a través de un filtro bacteriano" procedente de cultivos de 7 días de leucocitos estimulados con PHA obtenidos de pacientes con hemocromatosis. "Para algunos experimentos el CM fue liberado de PHA residual mediante el pase sobre una columna de Sefarosa de tiroglobulina". Encontraron que "... la población celular se incrementó progresivamente en tamaño hasta tamaños enormes ... pero lo más llamativo fue el rápido cambio en el ratio OKT4:OKT8 de las células dentro de la población, de 60:40 a 40:60 ... El cambio en el fenotipo de superficie de la población principal también ocurrió en cultivos mantenidos en el medio que contiene IL-2 que había sido liberado de PHA". También encontraron que "el cambio en fenotipo del cultivo total tenía lugar muy rápidamente, con frecuencia en un mismo día", a las tres semanas el ratio OKT8:OKT4 era de sobre 70:30, y que "el cambio no parecía ser simplemente el resultado preferencial de células OKT8+", sino un "posible cambio en el fenotipo de linfoblastos humanos cultivados, de OKT4 a OKT8" (Burns et al., 1982). Un año más tarde, en 1983, Zagury, un eminente investigador del VIH (Zagury et al., 1983) con Gallo de colaborador, y sus colegas, seleccionaron células T humanas normales para un clonado in vitro, según la expresión de antígenos T4, T8 y T10 en células individuales. Las células individuales se cultivaron en presencia de "Preparaciones desprovistas de PHA" de TCFG (IL-2), y una capa de rellenado de células linfoides irradiadas". Resumieron sus descubrimientos como sigue: "Se produjeron clones de cada una de estas células independientemente del fenotipo antigénico de la célula paterna. La descendencia clonada se manifestó, en muchos casos, como cambios en la expresión de antígeno. De este modo, las células T4+T8- dieron clones expresando predominantemente T4-T8+ y viceversa. La expresión clonal de T4 y T8 pareció ser mutuamente exclusiva. Los cambios antigénicos fueron registrados también en clones derivados de células T4-T8-T10-, resultando en clones T10+ que fueron también T4+ o T8+, y derivados de células clonadas T4+T8-T10+, produciendo clones de células T4+ o T8+. Al testear las propiedades funcionales encontramos que la actividad NK fue mediada no solamente por células T10+, sino también, en algunos casos, por células T4+ y T8+. Además, la producción TCGF, que puede reflejar actividad ayudante, fue mediada no sólo por las células T4+. Sólo la actividad citotóxica (CTL) pareció estar confinada al fenotipo T8. De este modo, parece que los antígenos T, que parecen ser marcadores moleculares de diferenciación, no son marcadores de diferenciación terminal y no siempre reflejan propiedades funcionales definidas" (Zagury et al., 1983).

Dados los datos in vitro de que:

1) el VIH no es necesario ni suficiente para la disminución observada en números de células T4;

2) las células T4 pueden convertirse en células T8 mientras que la suma T4 + T8 permanece constante;

3) la estimulación de células T mediante PHA, ConA, radiación, PMA y polibreno, que son todos agentes oxidantes, lleva a la "regulación a la baja" de CD4 y el cambio de T4 a T8;

y los datos de que:

i) los individuos de los grupos de riesgo del sida están expuestos a muchos agentes oxidantes, incluyendo mitógenos bien conocidos;

ii) en individuos en riesgo de desarrollar sida, la disminución en el número de células T4 va en paralelo a un incremento de las células T8 (disminución del ratio T4/T8), mientras que el número de células T permanece constante;

iii) en individuos que pertenecen a los grupos principales de riesgo del sida, los cambios anteriores se pueden observar en ausencia del VIH;

se debe concluir que:

a) la disminución de los números de células T4 y el aumento de los números de células T8 en cultivos e individuos "infectados por VIH" es debido a agentes distintos al VIH; el VIH no es ni necesario ni suficiente para la inducción de los fenómenos anteriores;

b) los cambios anteriores in vivo pueden no ser debidos a la destrucción selectiva de células T4 y la proliferación incrementada de células T8, sino a la pérdida de marcadores de superficie T4 y la adquisición de marcadores de superficie T8.


T4 y el síndrome clínico

Los investigadores del VIH-sida consideran la disminución de T4 como el "distintivo" y "estándar oro" de la infección por VIH y el sida (Shaw et al., 1988; Levacher et al., 1992). De hecho, en la definición más reciente del sida (1992) del CDC, un caso de sida se puede definir únicamente con datos serológicos (test de anticuerpos positivo al VIH) e inumunológicos (cuenta de células T4 menor que 200 X 106/L), fuente (CDC, 1992). La nueva definición también dice que "debería utilizarse la menos precisa, pero no necesariamente la más reciente, cuenta de linfocitos T CD4+" para definir un caso de sida (CDC, 1992). Sin embargo, existen abundantes datos acerca de que la disminución de células T4 puede ser provocada por muchos factores, algunos triviales, como la exposición al sol o a soláriums, un decremento que puede persistir durante al menos dos semanas después de que la exposición haya cesado (Hersey et al., 1983; Walker & Lilleyman, 1983). La cuenta de células T4 "puede variar considerablemente entre laboratorios, o según la edad de la persona, la hora del día que se realiza la medida, e incluso si la persona fuma" (Cohen, 1992). El hecho de que muchos factores pueden afectar al número de células T4 se refleja en su gran variación en los pacientes VIH positivo. En un estudio, las medidas del paciente repetidas por un laboratorio en 3 días mostraron un "mínimo de cuenta de células CD4+ de 118 células/mm3 y un máximo de cuenta de células CD4+ de 713 células/mm3" (Malone et al., 1990). En el estudio MACS, compuesto de 4.954 "hombres homosexuales y bisexuales", se enfatizó que los médicos y los pacientes deberían ser "conscientes de que una medida de cuenta de células CD4+ de 300X106/L realmente podría significar que es probable que el 'verdadero' estado de células CD4 sea entre 178 y 505X106/L". De este modo, no hay certeza de que los "verdaderos CD4" de la persona sea menor de 500X106/L o que sea mayor de 200X106/L (Hoover et al., 1992). Es importante mencionar que estas variaciones se obtuvieron a pesar del hecho de que las medidas de CD4 fueron realizadas en laboratorios que "están estandarizados cuidadosamente en un programa de control de calidad en curso".

En un estudio (Brettle et al., 1993) que examinó el impacto de la definición de sida del CDC de 1993 en el número de casos de sida comparados con la definición de 1987, se encontró que si la definición se basaba en:

1) el "primero de dos cuentas de células CD4 consecutivas menor o igual a 200 X 106/L", entonces el número de casos de sida se doblaba;

2) una cuenta CD4 anormal, el número de casos de sida se triplicada;

Investigadores de la Universidad de California en Los Angeles School of Medicine encontraron que un 5% de personas sanas buscando un seguro de vida tenían cuentas de células T4 anormales, y que "en un subgrupo de pacientes, los números de células T o ratios parecían ser cuentas estables". Concluyeron: "En la ausencia de una historia de una infección o enfermedad específica, o anormalidades graves en un examen físico, no merece la pena intentar encontrar una causa específica de la anormalidad de subconjuntos de células T ... Una aproximación uniforme a este problema a través de la comunidad médica ayudará a aliviar la ansiedad de los pacientes y a reducir la preocupación de la industria de seguros acerca de este problema relativamente común" (Rett et al., 1988).

Si el LAS, ARC y las enfermedades indicadoras de sida, como el KS y PCP, son la consecuencia de la disminución de células T4, entonces todos los grupos de personas que tienen una cuenta de células T4 baja, independientemente de la causa, deberían tener una alta frecuencia de infecciones oportunistas y neoplasias. Al contrario, todos los pacientes con enfermedades indicadores de sida deberían tener células T4 anormalmente bajas.

En un estudio de los efectos de la transfusión de sangre en pacientes con talasemia grave, investigadores del Cornell University Medical Center y el Sloan-Kettering Institute for Cancer Research observaron una disminución de los números de células T4 y ratios T4/T8 invertidos asociados con las transfusiones, pero sin incremento de KS y PCP, y concluyeron que "los estudios que definen transfusión relacionada con el sida en la base de análisis con anticuerpos monoclonales se deben ver con precaución" (Grady et al., 1985). Aunque los pacientes con enfermedad de hígado por alcoholismo no desarrollan KS, PCP y otras enfermedades indicadoras del sida con más frecuencia de lo usual, tienen deficiencia inmune y tests de anticuerpos del VIH positivos, llevando a los investigadores del Veterans Administration Medical Centre a enfatizar la importancia de reconocer estos hechos: " ... para que estos pacientes no sean falsamente etiquetados como que tienen infección con el virus del sida y sufran las consecuencias socioeconómicas de esta diagnosis" (Mendenhall et al., 1986).

Los pacientes que tienen malaria tienen perturbaciones inmunoregulatorias severas, incluyendo una disminución de las células T4. Un número significativo de estos pacientes también tienen un test positivo del VIH, pero no desarrollan el síndrome clínico IDA, llevando a Volsky et al a concluir: "la exposición al HTLV-III/LAV o el retrovirus relacionado y la existencia de perturbaciones inmunoregulatorias severas podrían no ser suficientes para la inducción del sida" (Volsky et al., 1986).

El MACS en los Estados Unidos mostró que "incluso en la ausencia de tratamiento, cerca del 25, 15 y 10% de hombres estaban vivos y asintomáticos 4, 5 y 6 años tras la primera medida de CD4+ menor de 200X 106/L" (Hoover, 1993). En el mismo estudio, comparando los individuos positivos del VIH que progresaron a sida en cinco años (Grupo A) con los que no (Grupo B), se encontró que: "el coito anal receptivo con distintas parejas antes y después de la seroconversión se reportó más frecuentemente por hombres con sida. El ratio de las diferencias en esta actividad sexual entre los grupos A y B fue más alta a los 12 (2,3) y 24 (2,6) meses tras la seroconversión que antes de la seroconversión (2.0)". Se concluyó que "los cofactores transmitidos sexualmente, la preseroconversión y/o la postseroconversión ... aumentan (o determinan) la tasa de progresión a sida" (Phair et al., 1992). No obstante, ya que:

a) los agentes infecciosos transmitidos sexualmente son transmitidos bidireccionalmente, es decir, de la persona activa a la pasiva y viceversa:

b) en el anterior estudio el único acto sexual directamente relacionado con la progresión a sida fue el coito anal pasivo (unidireccionalmente);

habría que concluir que "lo cofactores que aumentan (o determinan)" la progresión a sida son no infecciosos. Estos hallazgos están de acuerdo con la teoría oxidativa del sida, que sostiene que los fenómenos del VIH (RT, partículas de aspecto viral, reacciones antígeno-anticuerpo, "VIH-PCR") y del sida están causados por los muchos agentes oxidativos (incluyendo el semen) a los que están expuestos los grupos de riesgo del sida. (Papadopulos-Eleopulos, 1988; Papadopulos-Eleopulos et al., 1989a; Papadopulos-Eleopulos et al., 1992a; Papadopulos-Eleopulos et al., 1992b). [PCR = reacción en cadena de la polimerasa].

Según investigadores canadienses, "En la TB así como en en la lepra lepromatosa, se desarrollará frecuentemente un estado inmunosupresivo en el huésped. Este estado se caracteriza por linfopenia T con un número disminuido de células ayudantes T y un ratio invertido de células T-ayudantes/T-supresoras ... la inmunosupresión inducida por la infección de tuberculosis miliar puede persistir de por vida, incluso cuando la TB no es progresiva" (Lamoureux et al., 1987). Sin embargo, estos pacientes no tienen altas frecuencias de KS, PCP u otras enfermedades indicadoras de sida. Es decir, la disminución de las células T4 no es suficiente para que aparezcan las enfermedades indicadoras de sida. Esto también es apoyado con datos de estudios de animales. La disminución experimental de células T4 en ratones utilizados como modelos para el lupus eritematoso sistémico en humanos no llevó a un aumento de las frecuencias de neoplasias, ni los ratones "desarrollaron complicaciones infecciosas, incluso aunque fueron alojadas sin precauciones especiales". De hecho, los ratones con números de células T4 bajo tuvieron una "vida prolongada" (Wofsy & Seaman, 1985). También es de interés que, a pesar del papel indispensable atribuido a los linfocitos T4 y T8 en la producción de anticuerpos (ayudantes y supresores respectivamente), los pacientes de sida con presencia de números bajos de células T4 y números altos de células T8 tienen niveles incrementados de gamma globulina de suero, y no tienen hipogammaglobulinemia como podría esperarse. También, aunque las células T de cordón umbilical humano producen un factor o factores supresores, el factor o factores son producidos por T8- (T4+), no por células T8+ (Cheng & Delespesse, 1986). Por tanto, las células T4 y T8 no parecen poseer las funciones generalmente aceptadas atribuidas a las mismas.

Según la patogénesis de la teoría del VIH del sida, el "Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), el agente etiológico del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), tiene la capacidad de infectar selectivamente y finalmente incapacitar el sistema inmune, cuya función es proteger el cuerpo frente a tales invasores. La inmunosupresión causada por el VIH resulta en una defensa del anfitrión defectuosa que hace al cuerpo altamente susceptible a infecciones 'oportunistas' y neoplasias" (Fauci, 1988). La disminución de las células T4 a aproximadamente 200X106/L lleva al desarrollo de los "síntomas constitucionales", y a menos de 100X106/L lleva a "infecciones oportunistas" (Pantaleo et al., 1993). Si este es el caso entonces:

1) En todos los individuos con "síntomas constitucionales", OI y neoplasias, el número de células T4 debería ser anormalmente bajo;

2) La disminución de células T4 debería preceder al desarrollo de los síntomas clínicos, ya que: a) la causa debe preceder al efecto; b) para muchas enfermedades neoplásicas e infecciosas, hay datos acerca de que las enfermedades por sí mismas y los agentes utilizados para tratarlas pueden causar inmunosupresión, incluyendo disminución de los números de linfocitos T4 e inversión de los ratios T4/T8.

Este no es el caso, incluso para la más serias y características enfermedades del sida, KS y PCP. En el MACS se informó de que:

a)"... la linfadenopatía generalizada persistente era común pero no relacionada con la inmunodeficiencia", y que "Aunque los hombres seropositivos tenían un número medio de grupos de nodos involucrados significativamente más alto que los hombres seronegativos (5,7 comparado con 4,5 nodos; p < 0,005), la diferencia numérica en las medias no es llamativa".

b) pérdida de peso, diarrea, fatiga, fiebre, que constituyen el síndrome "debilitante" (que en la actualidad es una enfermedad indicadora de sida), sudores nocturnos, herpes zoster, herpes simple (otra enfermedad indicadora de sida), candidiasis oral, infecciones de la piel fúngicas, y anormalidades hematológicas, se presentaron tanto en individuos seronegativos como seropositivos, aunque algunas de ellas se presentaron a frecuencias más altas en el último grupo. Se encontró una relación entre candidiasis, anemia, fiebre y neutropenia con la deficiencia de células T4. Sin embargo, "las anormalidades clínicas fueron considerablemente mejores reflejando la depresión de linfocitos CD4 concurrente, que las cuentas bajas de linfocitos CD4 lo fueron determinando la implicación clínica" (Kaslow et al., 1987). Estas observaciones son plenamente compatibles con la hipótesis de que la deficiencia de linfocitos T4 es el resultado y no la causa de las anormalidades clínicas observadas.

El sarcoma de Kaposi, el motivo principal por la que se propuso la hipótesis retroviral, fue inicialmente propuesto como causado por la infección de células normales con el retrovirus. Cuando, más tarde en 1984, llego a ser claro que las células KS no estaban infectadas con el VIH, se acepto generalmente que la enfermedad estaba causada por el VIH de modo indirecto, es decir, como consecuencia de la disminución de células T4.

En la actualidad, se cree generalmente que el KS está causado por "un agente etiológico específico transmitido sexualmente" (Beral et al., 1990; Weiss, 1993) distinto al VIH, pero "la supresión inmune (tanto en pacientes de sida como de trasplante) es el cofactor dominante para la enfermedad posterior" (Weiss, 1993). Sin embargo, a diferencia del CDC de los Estados Unidos y la mayoría de los centros del sida alrededor del mundo, para el Walter Reed Army Institute of Research "... la presencia de infecciones oportunistas es un criterio para el diagnóstico de sida, pero la presencia de sarcoma de Kaposi se omite porque el cáncer no está causado por supresión inmune ..." (Redfield & Burke, 1988). En un estudio de un grupo de investigadores de Amsterdam, al considerar la relación entre el número de células T4 y el desarrollo del síndrome clínico se excluyó el KS, "Porque el sarcoma de Kaposi se puede manifestar con cuentas de linfocitos CD4+ más altas que con otras condiciones definitorias de sida" (Schellekens et al., 1992). Esto no es sorprendente ya que, desde el inicio de la era del sida, la hipótesis de la vigilancia inmune de la carcinogénesis había sido ya refutada (Kinlen, 1982). De hecho, los datos actualmente disponibles indican que el KS en todos los individuos, incluyendo a los hombres gay, podría estar causado por un agente no infeccioso (Papadopulos-Eleopulos et al., 1992a). Incluso en las primeras etapas de la era del sida, se informó que el KS en hombres gays aparecía tras la administración de corticosteroides (que eran administrados para enfermedades sin ninguna relación con el VIH o con el sida), y se solucionaba cuando se dejaba de administrar la droga (Schulhafer et al., 1987; Gill et al., 1989). De este modo, la hipótesis VIH-sida no se puede explicar para la enfermedad principal para la que fue propuesta originalmente.

En un estudio de 145 pacientes, 97% de los cuales eran homosexuales, con una PCP probada con biopsia en el St. Vincent's Hospital and Medical Centre, de Nueva York, el 17% de los pacientes de sida tuvieron una cuenta de células T4 mayor de 500/mm3, y un 14% adicional entre 301 y 500/mm3, "además, los pacientes con un ratio T4-T8 mayor de 1.0 y aquellos con cuentas totales de linfocitos T4 mayores que 500 células/mm3 no mostraron una mejor supervivencia comparado con los pacientes con valores anormales ... el grado de supresión no influenció la mortalidad (Kales et al., 1987). Investigadores del National Institute of Allergy and Infectious Diseases y del National Cancer Institute estudiaron 100 pacientes infectados con VIH "que tuvieron 119 episodios de disfunción pulmonar en 60 días tras las determinaciones de linfocitos CD4". Las células T4 fueron menos de 200X106/L antes de 46 de los 49 episodios de PCP, 8 de 8 episodios de neumonía CMV, 7 de 7 de neumonía cryptococcal neoformans, 19 de 21 episodios de neumonía micobacteria avium intracellular, 6 de 8 de KS (pulmonar) y en 30 de 41 de neumonía intersticial no específica. Sin embargo, "Antes de que los 119 episodios de disfunción pulmonar fuesen diagnosticados en este estudio, los pacientes infectados con VIH ya habían manifestado los siguientes desórdenes clínicos relacionados con el VIH: sin desórdenes (4 episodios), sarcoma de Kaposi sin infecciones oportunistas (68 episodios), infección oportunista amenazante de la vida (44 episodios), otras condiciones relacionadas con el sida (11 episodios)". Además, antes del diagnóstico de los episodios pulmonares los pacientes habían recibido: "zidovudina (36 episodios), interferón (23 episodios), interleucina-2 recombinante (3 episodios), quimioterapia citotóxica (16 episodios), dideoxicitidina (6 episodios), muramil tripéptido (1 episodio), suramina (6 episodios), heteropolianion 23 (5 episodios), interferón plus zidovudina (5 episodios), transplante de médula ósea nonablativa (4 episodios). Veintidós episodios ocurrieron en pacientes que no habían estado recibiendo ni terapia experimental ni zidovudina (Masur et al., 1989). Estos datos pueden interpretarse como que muestran que en algunos tipos de "disfunción pulmonar", la mayoría de los casos (aunque no todos) parecen estar precedidos de una cuenta CD4 <200X106/L. Sin embargo, dado el hecho bien conocido de que las neoplasias malignas, las enfermedades infecciosas y la administración de agentes quimioterapéuticos pueden, por sí mismos, causar inmunosupresión (Serrou, 1974; Oxford, 1980; Reinherz et al., 1980; Rubin et al., 1981; Thomas, 1981; Weigle et al., 1983; Williams et al., 1983; Kempf & Mitchell, 1985; Feldman et al., 1989), es igualmente verosímil argumentar que tanto la "disfunción pulmonar" como las cuentas bajas de células CD4 observadas en los pacientes serían el resultado de sus enfermedades pasadas recientes y la exposición previa a drogas prescritas e ilícitas, así como otros factores.

En un estudio reciente se encontró que 3 pacientes que habían desarrollado PCP en los 8 a 14 días de "infección por VIH primaria, sintomática", tenían números de células T4 y ratios T4/T8 normales en los 50 a 90 días anteriores a que llegaran a ser sintomáticos. Durante la fase sintomática la cuenta de células T4 cayó a 62-91 células/uL. Sin embargo, "Dentro de cuatro meses desde la aparición de los síntomas, las cuentas de CD4 y los ratios CD4/CD8 volvieron a ser normales". En dos de los pacientes, un hombre bisexual y un hombre gay, "los anticuerpos del VIH-1 fueron detectables mediante EIA y WB" 30 días después de que estos dos individuos llegaran a ser sintomáticos (EIA=ELISA).

"De veintinueve a cuarenta y ocho meses tras adquirir la infección VIH-1", los tres pacientes todavía tenían números normales de células T4, y eran asintomáticos. Los autores concluyeron: la linfocitopenia profunda de CD4 puede revertir a normal sin terapia antiretroviral", y enfatizaron que "es importante que tales casos no se diagnostiquen erróneamente como sida (Vento et al., 1993)".

Que no existe relación entre las OI y la disminución de T4 se confirmó en un estudio reciente, donde se mostró que "La aparición de OI y el síndrome debilitante fue independiente de la cuenta de células T4" (Alejandro et al., 1991), así como otros estudios que muestran que las OI pueden aparecer en presencia de números de células T4 normales (Stagno et al., 1980; Martinez et al., 1991; Felix et al., 1992).

En conclusión, la disminución del número de linfocitos T4, independientemente de cómo es inducida, es decir, mediante la destrucción de células T4 o mediante un cambio fenotípico, y de su causa, no es necesaria ni suficiente para la aparición del sarcoma de Kaposi y de las enfermedades oportunistas, es decir, del síndrome clínico.


VIH y sida

Si el VIH es tanto necesario como suficiente, o necesario pero no suficiente para la aparición del sida, entonces el requisito mínimo es que el virus esté presente en todos los casos.

Se utilizan tres métodos para demostrar la presencia del VIH: los tests de anticuerpos, el "aislamiento" del virus y la PCR. En la actualidad "las aplicaciones de la PCR en la evaluación de individuos seropositivos VIH-1 no están completamente definidas" (Conway, 1990). Aunque la PCR tiene una sensibilidad muy alta, el test no está estandarizado, y su reproducibilidad y especificidad no han sido determinadas. Los datos limitados disponibles en la actualidad sugieren que la PCR no es ni reproducible ni específica (Fox et al., 1989; Conway, 1990; Dickover et al., 1990; Long, Komminoth & Wolfe, 1992), incluso cuando se utiliza el estado serológico, y no el VIH como debería ser, como estándar oro (Defer et al., 1992). Además, puesto que la especificidad de los iniciadores utilizados en el ensayo de PCR finalmente está relacionada con el material que se origina de los "aislamientos de VIH", la especificidad del test no puede ser más significativa (considerando la presencia de un retrovirus exógeno en pacientes de sida), que el "aislamiento del VIH". Sin embargo, el VIH nunca ha sido aislado como una partícula independiente separada de todo lo demás. De hecho, por aislamiento se entiende, en el mejor de los casos, la detección de dos o más de los siguientes fenómenos:

a) transcriptasa inversa, en los cultivos o cocultivos, o bien en el material derivado de estos cultivos, incluyendo ácidos nucléicos y proteínas que en gradientes de densidad de sacarosa se concentran a la densidad de 1,16 g/ml;
b) proteínas, en los cultivos o cocultivos, o bien que se concentran a 1,16 g/ml, y que reaccionan con los sueros de pacientes de sida;
c) partículas con aspecto viral en los cultivos;

Recientemente, para muchos investigadores, incluido Montagnier (Learmont et al., 1992; Henin et al., 1993), la detección en cultivos o cocultivos de solamente la proteína p24 o de retrotrasncripción se considera sinónimo de "aislamiento del VIH".

Encontrar estos fenónemos no puede ser considerado como sinónimo de "aislamiento del VIH". Se pueden utilizar para detección de virus sí y sólo sí se han probado que son específicos de los virus. Ni uno de los fenómenos anteriores son específicos al VIH, ni siquiera a los retrovirus (Papadopulos-Eleopulos, Turner and Papadimitriou, 1993a). Además, y más importante, el VIH no puede ser aislado a menos que los cultivos estén sometidos a estrés oxidativo (estimulación mitogénica, activación).

No obstante:

1) El genoma humano normal contiene muchas copias de secuencias retrovirales endógenas (proviruses), "incluyendo una familia compleja de secuencias relacionadas con el VIH-1" (Horwitz et al., 1992), una "gran parte" de las cuales "pueden existir dentro de una célula anfitriona como fragmentos genómicos defectuosos. El proceso de recombinación, sin embargo, puede permitir su expresión, bien como una partícula o como síntesis de una nueva proteína o proteínas" (Weiss et al., 1982; Varmus & Brown, 1989; Cohen, 1993; Löwer & Löwer, 1993; Minassian et al., 1993);

2) La cultivación de células normales que "no producen virus" lleva a la producción (expresión) retroviral, "el fracaso en aislar virus endógenos de ciertas especies podría reflejar las limitaciones de las técnicas de co-cultivación in vitro" (Todaro et al., 1976). Se puede acelerar la expresión y aumentar la producción mediante la exposición de los cultivos a mitógenos, mutágenos o agentes cancerígenos, o bien con técnicas de co-cultivación y cultivación de células con sobrenadante procedente de cultivos que no producen virus (Toyoshima & Vogt, 1969; Aaronson et al., 1971; Hirsch et al., 1972). Para el aislamiento del VIH, en la mayoría de los casos, se emplean todas estás técnicas. De este modo, incluso si se pudiese alcanzar el aislamiento retroviral "verdadero" (Popovic et al., 1984) en los cultivos/co-cultivos de sida sería difícil, si no imposible, tener certeza de que el retrovirus en cuestión sea un retrovirus exógeno. Para que tal prueba se aceptara como prueba de la existencia del VIH, sería necesario excluir rigurosamente la activación de un provirus endógeno o un provirus ensamblado mediante la recombinación de secuencias retrovirales y celulares endógenas. Por ejemplo, en muchos casos de "aislamiento de VIH", las líneas de células leucémicas humanas CEM o HT (H9) son cocultivadas con tejido de pacientes de sida, que se supone que están "infectadas con VIH".

Encontrar dos o más de lo siguiente:

a) retrotranscripción;
b) proteínas que reaccionan con sueros de pacientes, bien en co-cultivos o en el material que se concentra a 1,16 g/ml;
c) partículas con aspecto retroviral en el cultivo;

es considerado como prueba del aislamiento a partir de un paciente de un retrovirus (VIH), el cual infectó las células CEM o HT (H9).

Sin embargo, cuando las células CEM (CEM-SS) "en cualquier otro caso negativas para retrovirus humanos conocidos", se estimulan con el mutágeno metanosulfonato de etilo (EMS), "Grandes células de aspecto de sicintio, que recuerdan a esas que aparecen tras una infección de retrovirus, se observan en 5 ó 6 días tras el tratamiento ... Los sobrenadantes libres de células procedentes de células CEM-SS tratadas fuertemente con EMS fueron capaces de causar una infección retroviral transmisible en células Jurkat y Molt 3 ... Todos los intentos de identificar la expresión viral en las células paternas no mutagenizadas mediante los métodos de EM (microscopía electrónica), actividad RT o inmunohistoquímica fueron negativos" (Minassian et al., 1993). Ya se ha expuesto que la línea de células HT se originó de un paciente con leucemia de células T4 adultas, una enfermedad que Gallo sostuvo que era causada por otro retrovirus, el HTLV-I. Si es éste el caso, los cultivos CEM y HT (H9) tendrían retrovirus que, bajo las circunstancias adecuadas, se expresarían incluso si los tejidos del paciente no contuviesen "VIH". Sea como fuere, ni la PCR ni el "aislamiento del VIH" se han utilizado nunca para demostrar una relación causal entre el VIH y el sida.

En la actualidad, igual que en 1984, la afirmación de que una "relación causal entre el VIH y el sida es convincente" se basa en las relaciones epidemiológicas entre un test de "anticuerpos del VIH" positivo y el sida (Weiss, 1993). Uno de estos tests, el Western blot (WB), se considera que está cerca de ser 100% sensitivo y específico, y es utilizado como estándar oro para otros tests. A pesar del conocimiento de que los constituyentes celulares y/o fragmentos de la misma densidad flotante que la de las partículas retrovirales pueden contaminar los sobrenadantes de los cultivos celulares (Papadopulos-Eleopulos, Turner & Papadimitriou, 1993a), el material para el WB se obtiene mediante centrifugación en gradiente de densidad del sobrenadante procedente de cultivos celulares "infectados con VIH", o incluso lisatos celulares, siendo este último el caso del primer "aislamiento del VIH" (Barré-Sinoussi et al., 1983), y posteriormente en otros laboratorios (Essex et al., 1985; Albert et al., 1988; Levinson & Denys, 1988). Se considera que el material que se concentra a 1,16 g/ml representa HIV puro y, por consiguiente, las proteínas encontradas en esta densidad se considera que son antígenos del VIH. Para el Western blot, estas proteínas se separan mediante electroforesis de acuerdo a su peso molecular y su carga, siendo entonces trasladadas a tiras de nitrocelulosa mediante electrotransferencia. Cuando se añaden los sueros y las tiras se transforman, aparecen bandas coloreadas, representando los sitios de reacciones de proteínas con anticuerpos. Cada banda se designa con una pequeña "p" de proteína, seguido de su peso molecular en miles. Aunque se considera que el material que se concentra a 1,16 g/ml representa VIH puro, se acepta que muchas de las proteínas que se concentran a esta densidad son proteínas celulares (Henderson et al., 1987), incluyendo las proteínas que reaccionan con los sueros de los pacientes: "Los sueros de algunos pacientes de sida se unieron con muchas proteínas celulares. En el ELISA este problema fue resuelto comparando el suero que se une al antígeno viral con la unión a un lisato de linfocitos no infectados. Esta unión fue clara en el RIPA, y solamente se consideraron como positivos los sueros que precipitaron la proteína p25 (p24)" [RIPA = ensayo de precipitación radioinmune] (Brun-Vezinet et al., 1984; Burke, 1989). Incluso las proteínas consideradas como proteínas del VIH podrían no ser tales (Papadopulos-Eleopulos et al., 1993a; Papadopulos-Eleopulos et al., 1993b). Por ejemplo, la banda p41, que es considerada por la mayoría de los investigadores del sida como una de las proteínas más específicas del VIH, es considerada por el grupo de Montagnier como actina celular (Barré-Sinoussi et al., 1983). Además, el patrón de reacción, incluyendo el de las bandas que se consideran que representan las proteínas del VIH, varía de paciente a paciente y en el mismo paciente en el tiempo. Debido a esto, se necesitan criterios para la interpretación del WB. Sin embargo, incluso en la actualidad, diez años después del descubrimiento del VIH, no existen unos criterios acordados en Estados Unidos o a nivel internacional de lo que constituye un patrón de WB positivo. Algunas instituciones tienen criterios mas "rigurosos" que otras para definir un WB positivo. Cuando el patrón del WB no satisface la definición de un test positivo para una determinada institución, pero muestra bandas reactivas, representando proteínas celulares o del "VIH", el test se considera como indeterminado (WBI). Un WB que no tiene bandas reactivas, representando proteínas celulares o del "VIH", se considera como negativo por todas las instituciones (Lundberg, 1988).

Durante cierto tiempo ha habido datos que muestran que:

a) cuando se utilizan los criterios menos "rigurosos" para definir un WB positivo [p24 o p31/32 y (p41 o p120/160)], solamente el 80% de los pacientes de sida tienen un test positivo del VIH, y esto disminuye a menos del 50% cuando se utilizan los criterios más "rigurosos" [p24 y p31/32 y (p41 o p120/160)]. Los restantes pacientes de sida tienen un test indeterminado o negativo (Lundberg, 1988). En cambio, según el Consortium for Retrovirus Serology Standardization de los Estados Unidos, 127 de 1306 (10%) de sueros procedentes de individuos con "bajo riesgo" de infección por VIH, que "incluye especímenes de centros de donantes de sangre", tienen un WB positivo, incluso cuando se utilizan los criterios más "rigurosos" para definir un test positivo (Lundberg, 1988). (Los autores de la institución no comentaron nada acerca del significado de que ocurran tales tests positivos rigurosos en individuos de bajo riesgo).

b) los WBI son muy comunes en pacientes que no tienen sida. Por ejemplo, el 42% de los pacientes que recibieron transfusiones con sangre VIH negativa tienen resultados WBI. En alrededor del 30% de estos pacientes, el WBI contenía la banda p24, la banda considerada por el grupo de Montagnier como la más específica del VIH (Genesca et al., 1989). (De hecho, en la actualidad, para muchos investigadores la detección de p24 en cultivos-cocultivos de sida es sinónimo de "aislamiento de VIH"). Estos resultados llevaron a algunos investigadores del VIH a concluir que "los patrones WBI son demasiado comunes en donantes y receptores seleccionados aleatoriamente, y tales patrones no correlan con las presencia de VIH-1 o con la transmisión de VIH-1" (Genesca et al., 1989).

c) la especificidad del test de anticuerpos debe determinarse mediante el uso de un estándar oro. El único estándar oro válido para los tests de anticuerpos del VIH es el VIH en sí mismo. Sin embargo, hasta la fecha, en ninguna parte de la literatura científica del sida ha habido ningún informe del la utliización del "Virus de Inmunodeficiencia Humana", en sí mismo, como un estándar oro para la verificación de la sensibilidad y especificidad de los tests de anticuerpos del VIH. De hecho, esto podría no ser actualmente posible ya que, incluso si se considera como VIH los fenómenos detectados en cultivos-cocultivos de sida, y los métodos utilizados representan un aislamiento inequívoco, en los mejores laboratorios y sin escatimar esfuerzos, "el VIH se puede aislar" solamente a partir del 17 al 80% de los individuos positivos al VIH (Chiodi et al., 1988; Learmont et al., 1992). Puesto que no se ha utilizado ningún estándar oro para confirmar la especificidad de los resultados del WB, no se puede excluir la posibilidad de que tanto los resultados WBI como los positivos WB no indiquen la infección y transmisión del VIH, sino que sean el resultado de reacciones cruzadas con anticuerpos dirigidos a antígenos que no son del VIH. Esto es especialmente posible en el caso de los pacientes de sida y en individuos en riesgo de sida, ya que ambos grupos poseen una amplia variedad de anticuerpos dirigidos contra muchos determinantes antigénicos (Matsiota et al., 1987; Calabrese, 1988). De este modo, un "test de anticuerpos al VIH" positivo debería ser considerado como un marcador no específico para el desarrollo del sida en los grupos de alto riesgo del sida, y no debería considerarse como una herramienta diagnóstica y epidemiológica para la infección de VIH (Papadopulos-Eleopulos et al., 1993a). No obstante, si:

i) la sensibilidad y especificidad del WB está cercana al 100%, como se acepta generalmente;
ii) sólo del 50 al 80 % (dependiendo de los criterios utilizados para definir un WB positivo) de los pacientes de sida tienen un test positivo;

entonces entre el 20% y el 50% de los pacientes de sida no están infectados con el VIH.

Últimamente, algunos de los investigadores del VIH más conocidos (Moore & Ho, 1992) han aceptado que el síndrome clínico, incluyendo su manifestación más específica y frecuente, KS y PCP, pueden aparecer en ausencia del VIH, es decir, en pacientes cuyos tests del VIH, incluyendo el WB y la PCR, son negativos. Por ejemplo, en 1991 Jacobs et al (Jacobs et al., 1991) informaron que en el Hospital-Cornell Medical Center de Nueva York, durante un periodo de tres meses diagnosticaron PCP en cinco adultos. Dos de cada tres pacientes a los que se les hicieron tests de subgrupos de linfocitos T tuvieron T4 > 40%, y todos tuvieron ratios T4/T8 normales. "Los cultivos de células mononucleares de sangre periférica para retrovirus fueron negativos" en 4 de 5 pacientes (el quinto al parecer no fue testeado). Los tests de anticuerpos de VIH-1 y VIH-2 fueron negativos en todos los casos. Un año más tarde, trabajadores de la misma institución y otros tres centros, habían "identificado otros cinco individuos del área de la ciudad de Nueva York (cuatro habían tenido factores de riesgo de infección de VIH), con una disminución de CD4 profunda y síndromes clínicos congruentes con las definiciones del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) o el complejo relacionado con el sida. En ninguno hubo prueba de infección VIH-1 o VIH-2, a juzgar por las múltiples serologías durante algunos años, cocultivos virales estándar de antígeno del VIH Gag p24, y amplificación de ADN proviral mediante reacción en cadena de la polimerasa" (Laurence et al., 1992). Se ha informado recientemente de casos similares en otras instituciones, incluyendo el CDC (Afrasiabi et al., 1986; Pankhurst & Peakman, 1989; Safai et al., 1991; Seligmann et al., 1991; Sirianni et al., 1991; CDC, 1992; Hishida et al., 1992; Tijhuis et al., 1993).

Los datos disponibles no sostienen la hipótesis aceptada en la actualidad de que el VIH es necesario o bien suficiente para la patogénesis del sida y, por tanto, parecería lógico considerar teorías alternativas (Papadopulos-Eleopulos, 1988; Duesberg, 1992). *


Agradecimientos

Nos gustaría expresar nuestro agradecimiento a todos nuestros colegas, y especialmente a Richard Fox, Livo Mina, Alun Dufty, Gary James, Iris Peter, el personal del Royal Perth Hospital Library y el personal administrativo del Department of Medical Physics. También queremos dar gracias a Harvey Bialy, Udo Schuklenk, Charles Thomas, Gordon Stewart, Michael Verney Elliot y Joan Shenton por su continuo apoyo, y a Peter Duesberg por invitarnos a presentar este artículo a Genetica.


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